Fueron seis años alejada de los escenarios. Pero, no por eso, fueron tiempos menos intensos que los que vivió en plena explosión mediática, con tapas de revistas sexies y muchas horas en TV incluidas. Es que allí, apartada de los flashes, Carla Conte decidió hacer una pausa y mirar (mucho) hacia adentro para poder volver a arrancar con todo.
Así, renovada y con entusiasmo, la encuentra El Cruce, la obra con la que se presenta los martes en el Metropolitan Citi y que eligió para regresar al teatro. En la pieza que dirige Guillermo Hermida y que cuenta con coreografías de Ana Azcurra, Carla interpreta a “La Presentadora”, un personaje omnisciente con el poder de hacer que los caminos del resto de los protagonistas se crucen.
"Con Guillermo (su pareja) siempre bromeamos con que somos muy italianos, todos gritamos mucho y somos muy pasionales. Me ha bancado mucho y hemos tenido diez millones de quilombos".
“Si hubiera soñado volver de alguna manera, creo que hubiera imaginado esta obra. Pero de tan hermosa que es, ni me animé a soñarla. Habla del cruce de los destinos, cuenta las historias de cuatro personajes que tienen un bloqueo y están trabados en sus vidas. Y yo soy la que viene a armar escenas para que se encuentren y ayudarlos a desbloquearse”, cuenta Carla en una charla donde no hay lugar para la hipocresía, ni las posturas “cool”.
Convertida en la orgullosa mamá de Mora (6) y Facundo (1 año y medio), reconoce que el camino de la maternidad siempre tiene altibajos. Especialmente a la hora de combinarlo con el trabajo: “Me tomó por sorpresa la obra. Facu, mi hijo menor, tiene un año y cinco meses, y ya hace bastante que estoy tratando de volver. Pero me estaba costando porque estuve medio desaparecida. El Cruce llegó para revolucionar mi vida. Siento que hago cosas que nunca había hecho antes y que me muestro como nunca me vieron. Así que vuelvo a los medios para contar algo que me hace muy feliz”.
- Recién hablabas del bloqueo de los personajes, ¿te pasó alguna vez estar bloqueada?
-¡Obvio! Bueno, mi último tiempo fue un tiempo complejo también. A raíz de mi primera maternidad, y de no poder conjugarla con el laburo, sentí mucho enojo conmigo misma y con un montón de cosas. Fue un proceso que fui haciendo para afuera en los medios pero que trabajé muchísimo para adentro, sin salir tanto para no sentirme tan expuesta. Después del nacimiento de Facu no me propuse ningún trabajo para que no me pase lo que me pasó con Mora y no enloquecer. Al final, me pasó lo opuesto: estar guardada en mi casa, querer salir y no saber cómo hacerlo. También hice un repaso de mi vida y de mi carrera, donde pensé a dónde quería ir. Fue un año muy movilizador para mí.
- Marcás una diferencia con otras mamás famosas que aseguran que atraviesan su mejor momento a pocos días de dar a luz…
-¡Eso es todo mentira! (risas) La verdad es que hay una presión enorme desde el medio, que aclaro que ni siquiera es alguien que la ejerce, sino que el trabajo es así. Lo entiendo y está perfecto. Yo intenté hacerlo, la primera vez volví a las dos semanas de dar a luz, aunque no me daba mucho el cerebro porque no tenía idea de lo que me iba a pasar con la maternidad. Por supuesto, mi hija me voló la cabeza como corresponde y me dijo ‘no se puede todo’. Me dio “dos sopapos” y tuve que reaccionar. Seguramente, si hubiera parado tres meses, ¡que no pasa nada!, hubiera visto qué hacía con este cambio en la vida, que es hermoso y desquiciante a la vez pero con el cual hay que aprender a vivir. Si a eso le sumás estar espléndida en cámara… ¡uh! La verdad que a mí no me salió.
- ¿Qué sentías?
- Una culpa infinita. A Mora no la dejaba ni siquiera con una abuela. Ella venía conmigo al camarín de Ideas del Sur y yo me angustiaba porque no me podía separar de ella. Es tremendo. Quería estar con ella todo el tiempo, estaba re loca y claramente había algo que no funcionaba… ¡y era yo! (risas).
- Mirando hacia atrás, ¿te arrepentís de alguna decisión?
- Eso fue lo que pude hacer en ese momento, no me voy a castigar por las decisiones que tomé o no tomé. Hice lo que pude con la locura que me estaba comiendo y reaccioné como reaccioné. Pasó lo mismo con todas las cosas que vinieron después porque quedé en un estado hormonal tremendo y un puerperio que me dejó loca (risas). Entonces, me ponían un micrófono y yo salía a los gritos diciendo de todo. Pero bueno, ¿qué voy a decir? “Estaba re loca y me arrepiento”. No, la verdad que no, decía lo que pensaba, no filtraba absolutamente nada y era lo que me pasaba en ese momento. Por suerte, la maternidad con Facu me pegó distinto porque la segunda vez también se transita de otra manera, hay todo un recorrido aprendido. Pero no quiere decir que no me haya vuelto loca también porque no estoy acostumbrada a estar sin trabajar. ¡A mí el ser ama de casa no me gusta!
"Después de mi primer embarazo, quedé en un estado hormonal tremendo y un puerperio que me dejó loca. Entonces, me ponían un micrófono y yo salía a los gritos diciendo de todo. Pero bueno, ¿qué voy a decir? 'Estaba re loca y me arrepiento'. No, la verdad que no".
- ¿No disfrutaste este tiempo en tu casa?
- Es una doble situación y es difícil. Quiero estar, pero también en un momento necesito mi independencia. Es lo que les pasa a la mayoría de las madres con las que me cruzo. Se trata de armar la vida entre el laburo, la casa y lo que te gusta hacer, que a veces no es ni el trabajo ni tus hijos. Pueden pensar “¡Qué horror! ¿Cómo te vas a ir a una clase de baile?”. A muchas mujeres les ocurre y otras lo resuelven mucho mejor.
- ¿Y Guillermo (Brutto, su marido) dónde queda en medio del estallido hormonal?
- ¡Uhhhhhh! (risas) Guillermo queda corriéndose, toma distancia cuando ve que estoy estallada o si me enfrenta, vuela todo. Siempre bromeamos con que somos muy italianos, todos gritamos mucho y somos muy pasionales. Me ha bancado mucho y hemos tenido diez millones de quilombos.
- ¿Han tenido sus crisis?
- Nosotros vivimos en crisis (risas). La verdad es que siempre estamos planteándonos cosas. Tampoco somos calmos y organizados. Por eso, todo es a las corridas.
- ¿Le felicidad la encuentran en esa dinámica?
- Sí, obvio que sí. Igual nos interesa hacer un cambio para bajar y tranquilizarnos, para disfrutar más. Porque también en la locura te perdés lo que está bueno: tenemos una familia hermosa y un gran recorrido de once años juntos. Con todos los quilombos del mundo, ¡pero acá estamos! Y no es fácil.
- Después de once años, ¿llegó la hora del casamiento?
- No creo que suceda nunca porque veo que todos los que se casan, después se divorcian (risas). Así que más que nada por una cábala, yo diría que si no nos casamos hasta ahora, ¡ya está! Cuando empezamos a salir, yo le quemaba la cabeza para casarnos porque era mi sueño. Pero no sé, en un momento me di cuenta de que no lo necesitaba. En primer lugar, la organización de un casamiento no está dentro de nuestras posibilidades porque si a nivel organización del hogar nos matamos, no quiero imaginar lo que pasaría en un casamiento. En lo que siempre estuvimos los dos de acuerdo es en celebrar el amor y la familia. Pero no específicamente casarnos. Ya se verá…
- ¿El compañerismo es fundamental?
- Sí, por ejemplo él estuvo siempre de acuerdo conmigo con el tema del parto en casa por. Para mí, Guille fue esencial las dos veces que di a luz. Si no estaba, ¡yo no paría! De hecho, me pasó en el segundo parto que fue en la clínica y él justo se tuvo que ir a hacer algo. Rompí bolsa y me acosté a dormir porque le dije a la partera “yo sin Guille no me muevo más”. ¡Mirá si salía el pibe y no estaba! (risas).
- ¿Hay ganas de un tercer niño?
- No, te agradezco un montón (risas). Nosotros somos muchos en la casa ya. Tengo dos hijos pero Guille tiene tres más. Ocupamos un auto, ¡sino ya sería un trafic!
